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Economía italiana
Italia es, indudablemente, uno de los Paises más industrializados del mundo a pesar de que el sur es más pobre que el norte y no hay un gran desarrollo de la actividad.
La actividad industrial ha sido el motor del desarrollo italiano, y el actual eje de su economía. Frente a ello, las actividades agrícolas han experimentado un considerable retroceso, tanto en ocupación de la población activa (7,3 %), como en su participación en el PIB (3,7 %). La producción agrícola no abastece la demanda alimentaria de la población, y es especialmente escasa en la rama ganadera: bovino (Cerdeña), porcino (Emilia-Romaña). La agricultura se halla más extendida, con cultivos de cereales (trigo, arroz -primera productora europea-, maíz), leguminosas, plantas industriales (remolacha azucarera), hortalizas (pimientos, berenjenas, tomates y cebollas) y flores.
Mención especial merece la fruticultura (peras, melocotones y manzanas en Emilia, Véneto y Campania; agrios en Sicilia), el olivo (en Liguria y el mezzogiorno), que genera la segunda producción mundial de aceite (435.300 t), y finalmente, la vid, cuyo cultivo sitúa a Italia a la cabeza de la producción mundial de vinos (68,6 millones de hl), reconocidos internacionalmente por su calidad.
Un reconocimiento semejante ha adquirido la producción industrial italiana: tras el fuerte impulso que se dio al sector entre 1960-1980, Italia se ha hecho con un denso tejido industrial, que da empleo al 32,4 % de su población activa, y en el que se combinan el sector público, con poderosas organizaciones como el IRI (Istituto per la Ricostruzione Industriale) y el ENI (Ente Nazionale Idrocarburi), dirigidos por sociedades privadas; grandes multinaciones privadas (Fiat, Olivetti, Pirelli); un gran número de pequeñas y medianas empresas; y, finalmente, un importante componente de economía sumergida (valorado entre el 20-30 % del PIB), especialmente presente en el textil y el calzado.
La producción industrial (que supone el 33,7 % del PIB), concentrada en el Norte del país, abarca muy diversas ramas, algunas de ellas inmersas en profundas crisis: tal es el caso de la siderurgia (Brescia, Cornigliano, Piombino, Bagnoli, Turín, Tarento), la construcción naval (Génova-Sestri, Nápoles, Ancona y Trieste-Monfalcone) o el textil (Vicenza, Varese, Biella y Prato).
Otros sectores industriales activos en Italia son: el alimentario (elaboración de pastas, conservas: Sicilia, Campania, Lombardía, Puglia); del mueble (Toscana y Brianza); de la confección y del calzado, en expansión, por el impulso del diseño italiano; del caucho (Milán y Turín); del papel (Fabriano); del vidrio (Pisa, Livorno y Venecia); la metalurgia de los no ferrosos (aluminio en Mori, Bolzano y Marghera); automovilístico (Turín -Fiat- , Milán, Nápoles, Modena); bicicletas y motocicletas (Milán, Varese); máquinas de escribir (Ivrea -Olivetti-, Turín); maquinaria agrícola (Turín, Milán); material ferroviario (Turín, Pinerolo); mecánica de precisión (Turín, Milán, Bolonia); construcciones aeronáuticas (Turín, Finale Ligure, Pomigliano d'Arco); refino de hidrocarburos (Génova, La Spezia, Siracusa, Sannazzaro de'Burgondi, Milazzo), y el de fibras sintéticas (Milán, Cesano Maderno, Varese, Casoria).
El principal problema de la industria italiana es su dependencia de la importación de materias primas y, sobre todo, la escasez de recursos energéticos: ni la extracción de carbón, gas natural (Sicilia, Basilicata) y petróleo (llanura del Po, Adriático y Sicilia), ni la producción de electricidad (las centrales nucleares fueron paralizadas tras el referéndum de 1987), cubren las necesidades del país. Las actividades terciarias han experimentado el auge que caracteriza a las economías desarrolladas: aporta el 62,6 % del PIB y ocupa al 60,3 % de la población activa.
El crecimiento económico del país ha llevado consigo el desarrollo del sector financiero, del comercio, los transportes y diversas sociedades de servicios, así como de un superabundante funcionariado, que se ha convertido en una de las más pesadas cargas que arrastra el país. Italia cuenta con una densa red de transportes terrestres, complementada por grandes instalaciones portuarias (Génova, Trieste, Augusta, Tarento y Venecia) e importantes aeropuertos (Roma-Fiumicino, Milán-Linate). El sector turístico cuenta con el atractivo de sus riquezas naturales (costa del Adriático, la Riviera, los Alpes y sus lagos), pero también históricas y artísticas (Florencia, Pompeya, Roma, Venecia), sin olvidar la atracción que ejerce la Ciudad del Vaticano sobre todo el mundo católico.
El comercio exterior, en su mayor parte desarrollado dentro de la órbita de la UE, presenta habitualmente una balanza comercial deficitaria: el coste de las importaciones de materias primas, hidrocarburos y productos alimentarios supera los ingresos por la venta de vehículos, construcciones mecánicas y confección y calzado. Por otra parte, el turismo, las remesas de los emigrantes y los beneficios que reportan las inversiones italianas en el extranjero, ayudan a paliar este déficit. Sin embargo, tras una década de euforia económica en los años ochenta, la crisis de los noventa ha puesto en evidencia las deficiencias estructurales del crecimiento italiano, con casi la mitad del país ajena a los avances económicos y sociales del desarrollo, y con una intrincada red de corrupción que ha puesto en entredicho todo el sistema político y económico. La lucha contra esta corrupción centra, en la actualidad, buena parte de los esfuerzos del país en todas las esferas.
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